Ryszard Kapuscinski:
La Realidad de una verdad.

Una de las maneras por las que me parece absolutamente indispensable conocer la realidad social es a través del contacto con la realidad misma, la del cuerpo, la que involucra sentidos, intelecto conjugados con el sentir y pensar del otro, del que nos acompaña. Y de sus tantos más. Éste contacto directo, ese “vivir” la cultura, el contexto, no como meros observadores pasivos, sino en un proceso de empatía y calidez tal que las puertas sociales no funcionan como recursos retóricos, sino como una ventana al alma, a la vida de las personas. Movimiento. El meollo: compartir experiencias, charlar, estar de tú a tú.
Trabajar con la gente no es sencillo, sobre todo cuando estás en áreas que involucran precisamente “tocar”, explorar realidades comunitarias y personales complejas. En este caso, el pretender involucrarse con las personas desde una mirada fría y despersonalizada solo permiten indagar superficialmente sobre la profundidad de las mismas si es que acaso te dejan ingresar a su mundo. En éste sentido, conocer a Ryszard Kapuściński, el periodista, ensayista y escritor polaco ha sido todo un placer, un lujo. Leerle es como divagar en las entrañas del quehacer humano desde la perspectiva del otro, la que ofrece, la íntima, la que cuenta en su imaginario. Ese desprenderse de la “individualidad” en un sentido abstracto para darle oportunidad al que no tiene voz o más que eso: para dar oportunidad, simplemente desde su realidad. Kapuschinski tiene una constante en sus textos la cuál trata sobre el quehacer periodístico ejercido desde la vida de la gente. Cuestión nada sencilla, poco valorada y duramente juzgada y lapidada en un mundo tan comercial y dispuesto a la competencia como el nuestro. Como periodista nos enseña el valor de la palabra, del relato y del cuestionar pero experimentada. ¿experimentada? .Sí. Encontrada en la investigación a raíz de la gente, de sus criterios, de su visión. Es en este punto que, como alguien que pretende trabajar con y desde la gente encontré un valor riquísimo. Y es que más allá de la visión antropológica, psicológica o sociológica que se le puede dar a un hecho, el tratar con las personas desde ellas debería de ser un estilo de vida, un descubrir a los grupos sociales como raíces individuales con historias y problemas distintos a la generalización burda que los medios y la cultura nos ha vendido desde siempre. Al respecto rescato la introducción al libro “ EBANO”, la cuál dice lo siguiente:
Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos "África". En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.
ñanza indirecta, a sus textos, a su combate, a sus viajes interminables por el tercer mundo que nos muestran visiones diversas a lo vendido por los tabloides, por los medios de comunicación masiva en un sistema conformista de información y deglución de ideas. Kapuschinski menciona, por ejemplo que los medios llenan de noticias su repertorio en afán de ganarle al otro competidor, al enemigo del raiting y del poder enfocándose así al conocimiento general de sólo una parte concreta del planeta, y de sucesos aislados que impiden darle bola a otros hechos en el orbe que merecen ser abordados y cuya relevancia pudiese ser igual o mayor a la tocante por las noticias reportadas en aquél momento. Es aquí cuando La cuestión, como el mismo periodista menciona se enfoca en el comercio: el negocio de la información para que nosotros, consumidores ligeros nos veamos atrapados entre realidades parcas, omitidas y transfiguradas por su valor numérico, por el signo de pesos, de dólares, de poder social que acarrea, que conlleva el cuarto poder, sin preocuparse por supuesto por nuestra verdadera realidad.


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