lunes, 14 de enero de 2008

La odisea cultural de viajar en autobús.




Autobús del norte de Mérida en
un charco peligroso del centro de la ciudad.


Cuando recién iniciaba la carrera recibimos la visita de un antropólogo social que había realizado una investigación relativa a las ¿historietas? de índole popular. En México llámense: traileros, de vaqueros, semanal, esas... ya saben. Nos mostró un amplio surtido de aquellas y del análisis de contenido general que había realizado para determinar alguna cosa que no recuerdo. Lo que me llamó profundamente la atención en aquellos años fue el hecho de que literalmente nos comentó que para realizar esa investigación tuvo que “acudir” a los lugares donde la gente solía comprar y leer tales historietas. Pero enfatizó uno en especial : el autobús. Recalcó que éste era un caldo hirviendo de gente que se la pasa leyendo historias de esa índole para despejar la mente después de un día de trabajo. Y el susodicho estaba maravillado. Maravillado porque habían pasado años desde la última vez que se había subido a un autobús y le pareció una especie de reflejo cultural bien intenso. La verdad, algunas de sus apreciaciones de recién convertido me parecieron bien ingenuas. Al día siguiente de su presentación una de mis compañeras le preguntó si acaso dentro de su ardua investigación había quedado prendido de alguna de ellas, a lo que contestó que sí.. y nos señaló unas dos, tres historietas cuyo contenido le parecieron interesantes.


Historietitas ¿populares?. Sin distinción de clases.
Conozco gente de todo tipo que ha leído y gusta de ellas.


Lo que siempre quedó pendiente en mi nebulosa materia gris es la cuestión aquella de: “el autobús como reflejo “popular” . Me pareció una etiqueta demasiado amplia para tan extraña pero a la vez común circunstancia. Cuando nos subimos a un bus, camión o como le digan formamos parte sin darnos cuenta de un pequeño conglomerado social. A veces me pregunto mientras ando en el bus si seremos capaces de aliarnos en caso de sufrir alguna especie de catástrofe, amenaza o que se yo: o sea, agruparnos por una meta común y ser conscientes de nuestro lazo. Y es que es increíble, bueno al menos a mí si me lo parece que estando en el mismo sitio podamos hallar a gente tan diversa y tan breve en un sentido metafórico: gente de comunidades alejadas, señoras con la mercancía comprada en el súper más barato a kilómetros, estudiantes, estudiantes y más estudiantes de diversos rubros, personas que recién llegan a la ciudad y el autobús le sirve de “turibus” mientras escuchan a su pariente, amigo u otro decirles.. esto es aquello .. esto es lo otro ... , a señores y demás que como el antropólogo menciona saca sus historietas fervientemente iluminadas para distraerse después de un arduo día de trabajo, personas silenciosas que se acurrucan en el último asiento del bus y mis favoritos por lo irrisorio del momento: , chicos y chicas “nice” que solo gritan parada y que no saben como actuar en el bus y se la pasan diciendo que es su primera vez en un camión o señoras cuyo auto se descompuso y hacen todo un escándalo porque el transporte resultó ser más apestoso, lento u horrendo de lo que esperaban. En fin, todo un hervidero de cuestiones sociales y culturales bien interesantes.



Reflejos y recuerdos en el bus.


Y es que hasta las cuestiones de género se remarcan bien bonito cuando nos subimos al bus. Por ejemplo, es común que aún cuando haya diez mil lugares vacíos, si los hombres antes de eso se encontraban parados debido a un lleno tumultuoso en él, cuando se van desocupando los lugares no procedan a sentarse . Así de horrible y asi de trágico ya que sin duda perjudican el tráfico de las personas en el mismo bus. Si hay un hombre parado prefieren quedarse de pie. Y es un hecho comprobado empíricamente a través de los años :P ... o de la educación social cuando ves que un camión anda repleto hasta las chanclas cuando te subes en ella y te das cuenta que es tan solo medio metro que está como aguja en pajales hirviendo, por los olores y el calor humano que emanan con tanta apretadera cuando el resto del camión tiene un pasillo bien bien vacío. Cuando me subo a uno con esta horrenda circunstancia me dan ganas de darles unas buenas cachetadas a los responsables de tanta timidez.. bueno, a todos. Chingada madre ¿qué no se dan cuenta que ponen en riesgo a toda la gente?. Jeje ... y así, miles de situaciones bien curiosas que se prestan para ser analizadas entre los usuarios.


Todos somos uno jaja

En lo personal, hasta la preparatoria, el compartir el autobús hizo que conociera a varios de mis amigos más íntimos, gente bien interesante con quien compartía charlas intensas al retornar a casa. Y era todo un placer. :D.

Pero de la gente, al servicio hay una cosa muy distinta que tratar y esa es oootra historia. Saludos.


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